Este sustancia es algo interno, le falta al hombre; la capacidad de mantenerse en pie, de organizarse él mismo, de forma consistente la vida. El hombre tiene muchas capacidades, pero nadie le sostiene, le organiza y le dispone como una madre. Todo hombre siente que su esposa es como una madre. Sin duda, sin esa fuerza, está perdido. Claramente se observa en el mundo, que donde está la fuerza de una mujer hay más estabilidad y firmeza. Es la fuerza capaz de resistir todo tipo de influencias súbitas. En muchos sentidos, los hombres son muy débiles, y especialmente por su capacidad de entusiasmarse y de ser creativos, la influencia de la mujer va en contra de todo eso. Por esto en nuestro mundo, los hombres tienen cierto punto de necedad, son como niños pequeños, como si fueran “omnipotentes”. Y la mujer tiene cierto sentimiento de inferioridad – como si le faltase la parte del conocimiento, la creatividad, que los hombres le pueden proporcionar.
Y sabemos que en el proceso espiritual es en el único lugar en el que alcanzamos el vínculo correcto entre la parte masculina y la parte femenina, quienes no pueden existir el uno sin el otro. No puede haber una pantalla sin Aviut. El Aviut sin una pantalla es la cáscara, algo que no puede subsistir. Por lo tanto, sólo en la espiritualidad se equilibran entre ellos; Aviut, pantalla y resistencia, y funcionan juntos.
(Extractos de la Clase Diaria Matinal sobre los Escritos del Rabash, 12 de marzo de 2009).
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